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La habitación de música |
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20 a 30 días
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Existe una especie de singular secta musical que hace público y notorio su discurso y enjundia intelectual y estética huyendo del rebaño como si fuesen ovejas negras. Son egregios creadores que frente al tedio vital derivado de la mediocridad reinante, proponen una actitud evasiva en todos los sentidos con melodías bonitas y meticulosidad de obsesivo orfebre. Poseen una buena imaginación, gustos rebuscados, mejores propósitos y espíritu decidido. En su factoría o talleres crean proyectos, experimentos, elaboraciones, obras maestras… ¿Significa esto que por fin hay posibilidad de nuevos rumbos? ¿Alborea con el nuevo año la esperada regeneración del pop? Riámonos del inmisericorde futuro.
Un nuevo concepto nace y este es el primer disco de pop aristocrático hecho en nuestro país. Los dos personajes que se esconden bajo el nombre de Anne Arbor han pedido confidencialidad sobre su verdadera identidad ya que sus actuaciones se reducen a inmersiones en fiestas en casinos, recepciones en embajadas, congresos de millonarios y armadores, homenajes a miembros del COI y fiestas de puesta de largo o presentación en sociedad. Búsquelos en Dubai, Brunei, Aspen, Gstaad, Skorpios o St Tropez. No los encontrarán ni en Glastonbury ni en Benicassim, por Dios.
Nuestra pareja ya dejó su firma en el último disco de Las Escarlatinas con sobresalientes temas bajo este mismo pseudónimo (“La sonrisa del chico de deportes” y “Una pequeña inundación”) y en este álbum incluyen “el que faltaba” interpretado por el propio cuarteto de divas (“La premiada”). Y es que el dúo de Gijón se mueve como pez en el agua en los reductos del pop colorista y clandestino del indie con precisión de forense. |
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