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El Evangelio según mi jardinero |
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inmediata
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Martín Buscaglia, Uruguayo de 32 años, tuvo la suerte de nacer en la casa de Montevideo donde a mediados de los 70's se reunían Eduardo Mateo, Hugo Fatturoso, Rubén Rada o Urbano Moraes. Los escuchaba componer y divagar muerto de sueño sin querer irse a la cama y sin que nadie lo mandara acostar.
Luego llegaron El Príncipe, los Beatles, Stevie Wonder, Tom Waits, Marc Ribbot, Marvin Gaye, Clareince Lispector, Michael Jackson, Jorgen Ben, Terry Gilliam, Legiao Urbana y la cocktelera no dejó de moverse hasta que en el 97 apareció "Llévenle", su primer disco.
Entre tanto, compuso para comparsas de Carnaval, inició el proyecto de música infantil Cantacuentos, tocó el bajo salsero en cruceros del Caribe, viajó, compartió escenario con Caetano Veloso, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Arnaldo Antunes o Jorge Drexler.
En 2000 grabó "Plácido Domingo", su segundo disco calificado por Rolling Stone: "Plácido Domingo es uno de los mejores discos de los últimos tiempos en Montevideo. Martín Buscaglia sabe ponerle la dosis exacta de poesía a la canción y sabe también envolvernos en esos ritmos mestixos de alguien que conoce de memoria a Mateo pero también a Marley, a Hendrix y a Prince".
En 2004 apareció en España su tercer disco "Ir y Volver e Ir", primera colaboración con Lovemonk cuyo fruto más reciente es "El Evangelio Según Mi Jardinero", un disco raro que empieza así:
"Cerebro, cerebro, gracias por estar en mi cabeza y no en mi rodilla, si no no podría hincarme a rezar ni cumplir esa promesa que no puedo revelar".
El evangelio es de una suciedad delicada. La que aporta el banjo rescatado de la basura que recorre todo el disco, la de la ravanatha rajasthaní que Buscaglia no sabe tocar, la que sugieren las bases Atari 81 o las melodías del Simón. Hay pistolas de juguete de todo a cien que conversan con la Zanfona de Germán Diaz. Está la vieja guitarra del padre, la voz submarina de Arnaldo Antunes, los susurros de manzana de Juana Molina. Coros de amigos que pasaban por allí y los quejidos de una vacabola.
Un disco deslumbrante que lo mismo te hace vibrar la cadera que te lleva de la mano por parajes infantiles. Está luego esa complejidad de apariencia simple con temas de un solo acorde pero que son imposibles de no seguir dando palmas. La voz de un músico, que como Joao Gilberto, no grita nunca, pero como un niño borracho dice solo la verdad.
Cerebro orgasmo envidia y Sofía Ante la duda todo Lavapiés (Jesus is my coach) Trivial Polonio Chúpame la mente cable El toscano del Papa Lovin´ You Vagabundo El evangelio según mi jardinero Presiento que esta noche soy un lirio Ocelote alondra Viajar contigo es como escuchar la vida secreta de las plantas La momia gitana Budismo tropical |
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